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Da Gama, viendo que a tan corto trecho del largo viaje, el hado era contrario; viendo el piélago abierto, y el estrecho cielo con ira y furia turbionario; de un temor natural turbado el pecho, sin esperanza ya de salvamento, sin valer arte allí ni ardimiento, al Divino Poder, seguro amparo, que hace el imposible trance claro, así rogó: