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Estas causas movieron el espíritu de Citerea; y más cuando supo que los Hados pretendían que la Reina de la Belleza fuese llamada gloriosa doquiera que su férreo dominio extendieran sus hijos.
Así Él, que temía futuros borrones y manchas, y Ella, cuyo corazón aspiraba a altas honras, instan el debate en obstinada lid persistente; sosteniendo cada cual su derecho rival con amigos favorables: