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“¡Todo el descanso de correr cansada, ninfa divina! Cada cual entrega sus deseos a la voluntad de su enemigo; ¿por qué a los bosques huyen solo los míos? ¿Quién te dijo que soy quien soy, que aún te persigue? Si te dijo tal mi áspera y maligna estrella, que doquier me acosa y me castiga, no lo creas; pues yo mismo, al creerlo, a mi corazón engañé mil veces cada hora.