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Llegada a aquella rica tierra el armada, envió a un portugués a rendir parte, para que así el monarca gentú entienda quién ha arribado a su lejano puerto:
Un arroyo cruzó el Heraldo que, dejando tierra, entra en el Océano; y su modo novedoso, su tez, su extraño atavío, sus extraños modos hicieron que todos los vasallos se congregaran a contemplar.