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«Mas di quién, por ventura, a salvo pondrá el alma de Cupido armado de astuto lazo entre vivas rosas, de humana nieve tan pura, del oro y alabastro cristalino y claro? ¿Quién escapa a los ardores y al peregrino señuelo de la Belleza, el verdadero rostro de Medusa tan terrible y bella, que el preso y hechizado corazón del hombre vuelve no en piedra, ¡ay no!, sino en fuego que arde fiero?»