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Las puertas de purísimo oro, donde yace incrustada la rica semilla de perla que engendra la concha marina, están retratadas con esculturas de las más raras formas de las que el fogoso Baco apetece saciar sus gratas miradas:
Allí, entre las primeras, perfiladas en luces y sombras, el forastero lee la faz confusa del viejo Caos; ve también traducidos los cuatro Elementos, cada cual en su respectivo oficio y dignidad.