Pero el sentimiento posee asimismo su cualidad moral. La figura de aquel primer antepasado, revestida por la tradición familiar de una oscura y sombría grandeza, estuvo presente en mi imaginación de muchacho desde tan lejos como alcanza mi memoria. Todavía me persigue e induce una especie de familiaridad con el pasado, que apenas puedo reclamar en referencia a la fase actual del pueblo. Me parece tener un derecho más firme a residir aquí a causa de este grave, barbudo, de capa oscura y sombrero de copa alta progenitor —que vino tan temprano, con su Biblia y su espada, y holló la calle virgen con un talante tan imponente, y representó un papel tan prominente, como hombre de guerra y de paz—, un derecho más firme que por mí mismo, cuyo nombre rara vez se oye y cuyo rostro apenas se conoce.
Era soldado, legislador, juez; era un gobernante en la Iglesia; poseía todos los rasgos puritanos, tanto los buenos como los malos. Era asimismo un amargo perseguidor, como lo atestiguan los cuáqueros, que lo han recordado en sus historias y relatan un incidente de