respirar el aire común y ganarse el pan de cada día para la pequeña Pearl y para ella mediante la fiel labor de sus manos—, se mostraba presta a reconocer su hermandad con el género humano siempre que hubiera beneficios que otorgar. Nadie tan dispuesta como ella a dar de lo poco que poseía ante cada demanda de la pobreza; aunque el mendigo de corazón amargo le devolviera una burla como pago por el alimento que llevaba con regularidad a su puerta, o por las prendas confeccionadas para él por unos dedos que habrían podido bordar la túnica de un monarca. Nadie tan abnegada como Hester cuando la pestilencia merodeaba por la ciudad. En todas las épocas de calamidad, en verdad, ya fueran generales o particulares, la marginada de la sociedad encontraba de inmediato su lugar. Acudía, no como invitada, sino como legítima moradora, a los hogares ensombrecidos por la desgracia; como si su sombrío crepúsculo fuera el medio en el cual tenía derecho a relacionarse con sus semejantes. Allí brillaba la letra bordada, brindando consuelo con su rayo sobrenatural. En otros sitios, símbolo de pecado, era la candela de la cámara del enfermo. Incluso había arrojado su destello, en el trance más duro del sufriente, a través del umbral del tiempo. Le había indicado dónde poner el pie, mientras la luz de la tierra se iba apagando velozmente y antes de que la luz del porvenir pudiera alcanzarlo. En tales emergencias, la naturaleza de Hester se revelaba cálida y rica; un manantial de ternura humana, infalible ante cualquier demanda real e inexhaustible ante la mayor de ellas. Su pecho, con su insignia de vergüenza, no era sino una almohada más blanda para la cabeza que la necesitara. Ella misma se había consagrado como Hermana de la Caridad; o, mejor dicho, la pesada mano del mundo la había consagrado así, cuando ni el mundo ni ella habían previsto tal resultado. La letra era el símbolo de su vocación. Tan grande era la ayuda que se hallaba en ella —tanto poder para obrar y poder para simpatizar— que muchas personas se negaban a interpretar la A escarlata según su significado original. Decían que significaba Able (Capaz); tan fuerte era Hester Prynne, con la fuerza propia de una mujer.
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XIII. Otra perspectiva de Hester
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