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nydus/The Scarlet LetterPublic
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XIV. Hester y el médico

—¡Paz, Hester, paz! —respondió el anciano, con sombría severidad—. No me está concedido perdonar. No tengo tal poder del que me hablas. Mi antigua fe, olvidada hacía mucho, vuelve a mí y explica todo lo que hacemos y todo lo que sufrimos. Con tu primer paso en falso plantaste el germen del mal; pero desde ese momento, todo ha sido una oscura necesidad. Vosotros, que me habéis agraviado, no sois pecadores, salvo en una especie de ilusión típica; ni tampoco soy yo un demonio, que le haya arrebatado al diablo su oficio de sus manos. Es nuestro destino. ¡Deja que la flor negra florezca como pueda! Y ahora vete por tu camino y haz lo que gustes con ese hombre de ahí.

Agitó la mano y volvió a dedicarse a su tarea de recolectar hierbas.

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