CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Scarlet LetterPublic
Página 71 de 327
Table of Contents

I. La puerta de la prisión

Ante este feo edificio, y entre él y la huella de las ruedas de la calle, había un trozo de césped, muy poblado de bardanas, cenizos, aguaturmas y otra vegetación deslucida, que evidentemente encontraba algo afín en el suelo que tan temprano había dado la flor negra de la sociedad civilizada: una prisión.

Pero a un lado del portal, y enraizado casi en el umbral, había un rosal silvestre, cubierto, en este mes de junio, con sus delicadas gemas, que bien podían imaginarse ofreciendo su fragancia y frágil belleza al prisionero al entrar, y al criminal condenado al salir hacia su perdición, en prenda de que el profundo corazón de la Naturaleza podía apiadarse de él y serle benigno.

Este rosal, por extrañas circunstancias, se ha conservado vivo en la historia; mas si tan solo había sobrevivido a la austera y vieja floresta, tanto tiempo después de la caída de los gigantescos pinos y robles que en un principio lo ensombrecían, o si —como hay fundados motivos para creer— había brotado bajo las pisadas de la santa Ann Hutchinson al cruzar ella la puerta de la prisión, no habremos de ser nosotros quienes lo determinemos. Al hallarlo de manera tan directa en el umbral de nuestra narración, que está a punto de salir por ese malhadado portal, difícilmente podríamos hacer otra cosa que arrancar una de sus flores y ofrecerla al lector. Bien puede servir, esperemos, para simbolizar alguna dulce flor moral que tal vez se halle a lo largo del camino, o para aliviar el sombrío desenlace de una historia de flaqueza y dolor humanos.

71