materiales más sólidos que los actuales. Había algo en él que avivaba una curiosidad instintiva, y me hizo deshacer la descolorida cinta roja que ataba el paquete, con la sensación de que allí se sacaría a la luz un tesoro. Al desdoblar los rígidos pliegues de la cubierta de pergamino, descubrí que era un nombramiento, bajo la firma y el sello del gobernador Shirley, a favor de un tal Jonathan Pue, como Inspector de las Aduanas de su Majestad para el puerto de Salem, en la Provincia de la Bahía de Massachusetts.
Recuerdo haber leído (probablemente en los Annals de Felt) una mención sobre la muerte del señor agrimensor Pue, hace unos ochenta años; y asimismo, en un periódico de fecha reciente, una reseña sobre el desenterramiento de sus restos en el pequeño cementerio de la iglesia de San Pedro, durante las obras de remodelación de dicho edificio. Nada, si no recuerdo mal, quedaba de mi respetado predecesor, salvo un esqueleto incompleto, algunos fragmentos de ropa y una peluca de rizos majestuosos