que, a diferencia de la cabeza que una vez adornó, se encontraba en muy satisfactorio estado de conservación. Pero, al examinar los documentos que el nombramiento en pergamino servía para envolver, hallé más rastros de la parte mental del señor Pue y de las operaciones internas de su cabeza, de los que la rizada peluca había conservado del venerable cráneo en sí.
Eran documentos, en resumen, no oficiales, sino de índole privada, o al menos escritos a título personal, y al parecer de su propia mano.
No podía explicar su inclusión en el montón de trebejos de la aduana más que por el hecho de que la muerte de Mr. Pue había ocurrido repentinamente; y de que estos papeles, que él probablemente guardaba en su escritorio oficial, jamás habían llegado a conocimiento de sus herederos, o se había supuesto que se relacionaban con los asuntos de rentas.
Al trasladarse los archivos a Halifax, este paquete, al resultar de ningún interés público, fue dejado atrás, y desde entonces había permanecido sin abrir.