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nydus/The Scarlet LetterPublic
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La aduana

después —como si su único principio vital hubiera sido el celo por el servicio a su patria, como verdaderamente creo que lo era—, se retiraron a un mundo mejor. Me consuela piadosamente pensar que, gracias a mi mediación, se les concedió el tiempo suficiente para arrepentirse de las malas y corruptas prácticas en las que, como cosa natural, se ha de suponer que cae todo empleado de la aduana. Ni la entrada principal ni la trasera de la aduana conducen al camino del Paraíso.

La mayor parte de mis oficiales eran whigs. Menos mal para su venerable hermandad que el nuevo inspector no era un político y, aunque demócrata fiel por principio, ni recibió ni desempeñó su cargo atendiendo a servicios políticos. De haber sido de otro modo —de haberse colocado a un político activo en este influyente puesto, para asumir la fácil tarea de plantar cara a un recaudador whig, cuyas dolencias le impedían la administración personal de su despacho—, apenas a uno solo de los miembros del viejo cuerpo le habría durado el aliento de la vida oficial un mes después de que el ángel exterminador hubiera subido los escalones de la Aduana. Conforme al código aceptado

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