De nuevo, en el primer instante de percibir aquel rostro delgado y la ligera deformidad de la figura, apretó a su criatura contra el pecho con una fuerza tan convulsiva que el pobre bebé lanzó otro grito de dolor. Pero la madre no pareció oírlo.
A su llegada al mercado, y un tiempo antes de que ella lo viera, el forastero había fijado los ojos en Hester Prynne.
Fue con descuido, al principio, como un hombre habituado principalmente a mirar hacia su interior, y para quien los asuntos externos tienen poco valor e importancia, a menos guarden relación con algo dentro de su mente.
Muy pronto, sin embargo, su mirada se volvió aguda y penetrante. Un horror retorcido se cruzó por sus facciones, como una serpiente que se desliza velozmente sobre ellas y hace una breve pausa, con todas sus anudadas circunvoluciones a la vista de todos.
Su rostro se oscureció con alguna poderosa emoción que, sin embargo, controló tan instantáneamente mediante un esfuerzo de su voluntad que, salvo en un solo momento, su expresión podría haber pasado por la de la calma.
Transcurrido un breve espacio, la convulsión se volvió casi imperceptible y finalmente se desvaneció en las profundidades de su ser.
Cuando descubrió que los ojos de Hester Prynne estaban fijos en los suyos y vio que ella parecía reconocerlo, lenta y calmosamente levantó el dedo, hizo un gesto con él en el aire y se lo puso sobre los labios.
Then, touching the shoulder of a townsman who stood next to him, he addressed him, in a formal and courteous manner.
—Os lo ruego, buen caballero —dijoÉl—, ¿quién es esta mujer?, ¿y por qué se la expone aquí a la vergüenza pública?