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nydus/The Scarlet LetterPublic
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XXI. Una festividad en Nueva Inglaterra

Pearl estaba ataviada con una ligereza alegre. Habría sido imposible adivinar que esta brillante y soleada aparición debía su existencia a la tela de sombrío gris; o que la fantasía, tan suntuosa y a la vez tan delicada como debió ser la necesaria para idear el atuendo de la niña, era la misma que había logrado una tarea quizás más difícil, al conferirle una peculiaridad tan marcada al sencillo vestido de Hester.

El vestido, tan apropiado para la pequeña Pearl, parecía una efluencia, o un desarrollo inevitable y manifestación exterior de su carácter, tan imposible de separar de ella como el brillo multicolor del ala de una mariposa o la gloria pintada de la hoja de una flor brillante. Al igual que con estos, ocurría con la niña; su atuendo compartía una sola idea con su naturaleza.

En este día trascendental, además, había cierta inquietud y excitación singulares en su estado de ánimo, que no se parecía a nada tanto como al destello de un diamante, que brilla y parpadea con los diversos latidos del pecho sobre el cual se luce.

Los niños siempre sienten simpatía por las agitaciónes de aquellos vinculados a ellos; siempre, especialmente, tienen el sentido de cualquier problema o inminente revolución, de cualquier índole, en las circunstancias domésticas; y por lo tanto Pearl, que era la gema en el seno inquieto de su madre, traicionaba, con la propia danza de sus ánimos, las emociones que nadie podía detectar en la pasividad marmórea de la frente de Hester.

Esta efervescencia hacía que, más que caminar al lado de su madre, revoloteara con un movimiento semejante al de un pájaro. Rompía continuamente en gritos de una música silvestre, inarticulada y a veces penetrante. Cuando llegaron a la plaza del mercado, se volvió aún más inquieta al percibir el bullicio y la animación que daban vida al lugar; pues solía

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