En el umbral se detuvo —se volvió a medias— porque, tal vez, la idea de entrar completamente sola, y con todo tan cambiado, en el hogar de una vida anterior tan intensa, resultaba más sombría y desoladora de lo que incluso ella podía soportar. Pero su vacilación duró solo un instante, aunque el tiempo suficiente para dejar ver una letra escarlata sobre su pecho.
Y Hester Prynne había regresado, ¡y había retomado su largo tiempo abandonada ignominia! Pero ¿dónde estaba la pequeña Pearl? Si aún vivía, debía de encontrarse ahora en el esplendor y la lozanía de su temprana juventud. Nadie supo —ni llegó a saber jamás con absoluta certeza— si la niña elfa había bajado a destiempo a una tumba virginal; o si su naturaleza salvaje y rica se había ablandado y subyugado, haciéndose capaz de la apacible felicidad de una mujer. Pero, durante el resto de la vida de Hester, hubo indicios de que la reclusa de la letra escarlata era objeto de amor y de interés por parte de algún habitante de otra tierra. Llegaban cartas con sellos nobiliarios, aunque de blasones desconocidos para la heráldica inglesa. En la cottage había artículos de bienestar y lujo que Hester nunca se preocupó por usar, pero que solo la riqueza podría haber comprado y el afecto imaginado para ella. Había también naderías, pequeños adornos, hermosos testimonios de un recuerdo constante, que debían de haber sido confeccionados por dedos delicados, al impulso de un corazón tierno. Y, en una ocasión, se vio a Hester bordar una ropita de bebé, con una riqueza tan pródiga de dorada fantasía que habría provocado un tumulto público si algún infante, así ataviado, se hubiera mostrado a nuestra sobria comunidad.
En fin, los mentideros de aquella época creían —y el señor agrimensor Pue, que hizo investigaciones un siglo después, creía— y uno de sus recientes sucesores en el cargo, además, cree firmemente— que Pearl no solo estaba viva, sino casada, y era feliz, y se acordaba de su madre, y que con muchísimo gusto habría acogido a aquella triste y solitaria madre junto a su hogar.