la monotonía de las formalidades oficiales, sino con el pensamiento de cerebros creativos y la rica efusión de corazones profundos— se habían ido igualmente al olvido; y eso, por añadidura, sin haber servido para ningún propósito en su época, como lo habían hecho estos papeles amontonados, y —lo más triste de todo— sin haberle redituado a sus autores el cómodo sustento que los empleados de la Aduana se habían ganado con estos inútiles garabatos de la pluma!
Sin embargo, tal vez no carezcan del todo de valor como materiales para la historia local. Aquí, sin duda, podrían descubrirse estadísticas del antiguo comercio de Salem y recuerdos de sus prósperos comerciantes —el viejo rey Derby, el viejo Billy Gray, el viejo Simon Forrester y muchos otros magnates en su día—, cuya cabeza empolvada apenas había bajado a la tumba cuando su colosal cúmulo de riqueza comenzó a mermarse. Aquí se podría rastrear a los fundadores de la mayor parte de las familias que hoy componen la aristocracia de Salem, desde los humildes y oscuros comienzos de su comercio, en épocas por lo general muy posteriores a la Revolución, hasta lo que sus hijos consideran un rango de abolengo.