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nydus/The Scarlet LetterPublic
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XXI. Una festividad en Nueva Inglaterra

Difícilmente un paisano habría podido vestir este atuendo y mostrar este rostro, y lucir ambos con un aire tan fanfarrón, sin someterse a un severo interrogatorio ante un magistrado y probablemente incurrir en una multa o prisión, o tal vez en una exposición en el cepo. En cuanto al capitán del barco, sin embargo, todo aquello se consideraba propio de su personaje, como las escamas relucientes a un pez.

Tras despedirse del médico, el capitán del barco de Bristol paseó ociosamente por el mercado, hasta que, al acercarse por casualidad al lugar donde Hester Prynne estaba de pie, pareció reconocerla y no dudó en dirigirse a ella. Como solía ocurrir allí donde Hester se detenía, se había formado a su alrededor una pequeña zona despejada —una especie de círculo mágico—, en la cual, aunque la gente se atrope-llaba a poca distancia, nadie se atrevía ni se sentía dispuesto a inmiscuirse. Era una representación elocuente de la soledad moral en que la letra escarlata envolvía a su fúnebre portadora; debida en parte a su propio hermetismo y en parte al repliegue instintivo, aunque ya no tan hostil, de sus semejantes. Ahora, si es que alguna vez lo había hecho, cumplía un buen propósito al permitir que Hester y el marino hablaran sin riesgo de ser oídos; y tan mudada era la reputación de Hester Prynne ante el público, que la matrona de la ciudad más eminente por su rígida moralidad no habría podido mantener tal trato con menor consecuencia de escándalo que ella misma.

—Pues, señora —dijo el marino—, ¡tendré que decirle al mayordomo que prepare un camarote más de los que había tratado! ¡Este viaje no hay que temer al escorbuto ni a las calenturas de mar! Entre el cirujano de la embarcación y este otro doctor, nuestro único peligro vendrá de los polvos o las píldoras; más aún teniendo en cuenta que hay un montón de cachivaches de botica a bordo, que conseguí al cambiar con un barco español.

—¿Qué queréis decir? —inquirió Hester, más alarmada de lo que permitió que se notase—. ¿Tenéis otro pasajero?

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