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nydus/The Scarlet LetterPublic
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VII. El Salón del Gobernador

con extrañas y aparentemente cabalísticas figuras y diagramas, acordes con el singular gusto de la época, que habían sido trazados en el estuco cuando este acababa de aplicarse y ahora se habían vuelto duros y duraderos para la admiración de los tiempos

Pearl, mirando aquella brillante maravilla de casa, comenzó a retozar y a bailar, y exigió imperiosamente que le arrancaran toda la franja de sol de la fachada para dársela con qué jugar.

—¡No, mi pequeña Pearl! —dijo su madre—. ¡Tú debes cosechar tu propia luz de sol. Yo no tengo ninguna para darte!

Se acercaron a la puerta, que era de forma arqueada y estaba flanqueada a cada lado por una estrecha torre o saliente del edificio, en las cuales había ventanas de celosía con contraventanas de madera para cerrarlas en caso necesario.

Al levantar el martillo de hierro que pendía del portal, Hester Prynne hizo sonar una llamada, a la que respondió uno de los criados del Gobernador; un inglés nacido libre, pero ahora esclavo por siete años.

Durante ese plazo debía ser propiedad de su amo, y una mercancía tan sujeta a compraventa como un buey o un taburete. El siervo vestía la casaca azul, que era la indumentaria habitual de los criados de aquella época, y de mucho antes, en las viejas mansiones solariegas de Inglaterra.

—¿Se encuentra el respetable Gobernador Bellingham dentro? —inquirió Hester.

—Sí, en verdad —respondió el siervo, mirando con los ojos muy abiertos la letra escarlata que, por ser un recién llegado al país, nunca antes había visto—. Sí, su honorable señoría se encuentra adentro. Pero está con un ministro devoto o dos, y asimismo con un sanguijuela. No podéis ver a su señoría ahora.

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