principal acontecimiento trágico de la vida del viejo, a juzgar por lo que pude deducir, fue su percance con cierto ganso que vivió y murió hace unos veinte o cuarenta años; un ganso de figura de lo más prometedora, pero que, a la mesa, resultó ser tan incorregiblemente duro que el cuchillo de trinchar no causaba impresión alguna en su carcasa, y solo pudo ser dividido con un hacha y una sierra de mano.
Pero es hora de abandonar este boceto sobre el que, sin embargo, me alegraría mucho explayarme con bastante más detalle porque, de todos los hombres que he conocido jamás, este individuo era el más apto para ser funcionario de aduanas.
La mayoría de las personas, debido a causas en las que quizás no tenga espacio para insinuar, sufren un deterioro moral a causa de este modo de vida tan peculiar. El viejo inspector era incapaz de ello y, de continuar en su cargo hasta el fin de los tiempos, seguiría siendo tan bueno como entonces y se sentaría a cenar con el mismo buen apetito.