para que saliera y —como este se negaba a aventurarse— buscando un paso para sí misma hacia su esfera de tierra impalpable y cielo inalcanzable. Pronto descubrió, sin embargo, que o bien ella o la imagen no eran reales, por lo que buscó en otra parte un pasatiempo mejor. Hizo botecitos con corteza de abedil, los cargó con caparazones de caracol y envió al mar inmenso más empresas mercantiles que cualquier comerciante de Nueva Inglaterra; pero la mayor parte de ellos zozobró cerca de la orilla. Agarró a un cacerol vivo por la cola, se apoderó de varias estrellas de mar y dejó una medusa al sol cálido para que se derritiera. Luego tomó la espuma blanca que estriaba la línea de la marea creciente y la lanzó a la brisa, corriendo tras ella con pasos alados para atrapar los grandes copos de nieve antes de que cayeran. Al percibir una bandada de pájaros de playa que se alimentaban y revoloteaban a lo largo de la costa, la traviesa niña llenó su delantal de guijarros y, reptando de roca en roca tras estas pequeñas aves marinas, mostró una destreza notable para apedrearlas. Pearl estaba casi segura de que un pequeñito pájaro gris, con el pecho blanco, había sido alcanzado por un guijarro y se había alejado revoloteando con el ala rota. Pero entonces la niña elfa suspiró y abandonó su juego, porque le afligía haber hecho daño a un pequeño ser que era tan indómito como la brisa marina, o tan indómito como la propia Pearl.
Su último entretenimiento fue juntar algas marinas de varias clases y hacerse con ellas una bufanda, o manto, y un tocado, adoptando así el aspecto de una sirenita. Había heredado el talento de su madre para idear telas y disfraces. Como toque final a su atuendo de sirena, Pearl tomó unas hierbas marinas e imitó lo mejor que pudo, sobre su propio pecho, el adorno que tan bien conocía en el de su madre. ¡Una letra —la letra A—, pero de un verde fresco, en vez de escarlata! La niña inclinó la barbilla sobre el pecho y contempló este diseño con extraña fascinación; como si lo único para lo que la habían enviado al mundo fuera descifrar su significado oculto.
—Me pregunto si madre me preguntará qué significa —pensó Pearl.