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nydus/The Scarlet LetterPublic
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IX. La sanguijuela

paciente, estos dos hombres, tan diferentes en edad, llegaron gradualmente a pasar mucho tiempo juntos. Por la salud del ministro, y para permitir que el galeno recolectara plantas con bálsamo curativo en su interior, daban largos paseos por la orilla del mar o por el bosque; mezclando diversas conversaciones con el chapoteo y el murmullo de las olas, y el solemne himno del viento entre las copas de los árboles. A menudo, asimismo, el uno era huésped del otro en su lugar de estudio y retiro.

Había una fascinación para el ministro en la compañía del hombre de ciencia, en quien reconocía un cultivo intelectual de profundidad y alcance nada moderados; junto con una amplitud y libertad de ideas que en vano habría buscado entre los miembros de su propia profesión.

En verdad, se sentía desconcertado, cuando no escandalizado, al hallar este atributo en el médico. El señor Dimmesdale era un verdadero sacerdote, un verdadero religioso, con el sentimiento reverencial ampliamente desarrollado y un orden mental que se impulsaba con fuerza por la senda de un credo, y profundizaba su paso continuamente con el transcurso del tiempo.

En ninguna forma de sociedad habría sido lo que se llama un hombre de ideas liberales; para su paz le habría sido siempre indispensable sentir la presión de una fe a su alrededor, que lo sostuviera mientras lo confinaba dentro de su armazón de hierro.

No obstante, y aunque con un goce tembloroso, sentía el alivio ocasional de contemplar el universo a través del medio de otro tipo de intelecto diferente a aquellos con los que conversaba habitualmente. Era como si se abriera una ventana, dejando entrar una atmósfera más libre en el estudio cerrado y sofocante, donde su vida se consumía entre la

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