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nydus/The Scarlet LetterPublic
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La aduana

Personas de edad avanzada, que vivieron en los tiempos del señor agrimensor Pue, y a partir de cuyo testimonio oral este había compuesto su relato, la recordaban, en su juventud, como a una mujer muy anciana, aunque no decrépita, de aspecto majestuoso y solemne.

Había sido su costumbre, desde una fecha casi inmemorial, deambular por el país como una especie de enfermera voluntaria, haciendo cuanto bien misceláneo pudiera; encargándose, asimismo, de dar consejo en todos los asuntos, especialmente en los del corazón; por cuyo medio, como una persona con tales inclinaciones inevitablemente debía, se ganó de mucha gente la reverencia debida a un ángel, pero, me imagino, era vista por otros como una intrusa y una molestia.

Indagando más hondo en el manuscrito, hallé el registro de otras acciones y sufrimientos de esta singular mujer, para la mayor parte de los cuales se remite al lector al relato titulado «La letra escarlata»; y debe tenerse muy presente que los hechos principales de dicha historia están autorizados y autentificados por el documento del señor inspector Pue. Los papeles originales, junto con la letra escarlata misma⁠—una reliquia de lo más curiosa⁠—, siguen en mi poder, y serán exhibidos libremente a quienquiera que, movido por el gran interés de la narración, desee verlos.

No debe entenderse que afirmo que, al aderezar el relato e imaginar los motivos y modos de pasión que influyeron en los personajes que en él figuran, me haya ceñido invariablemente a los límites de las media docena de pliegos de papel de marca mayor del viejo agrimensor.

Por el contrario, me he tomado, en lo que respecta a tales puntos, tanta o casi tanta libertad como si los hechos hubieran sido enteramente de mi propia invención. Lo que sostengo es la autenticidad del esquema básico.

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