querida, voy a referirme. > ‘Bien y feliz.’ En verdad. ¿Estás bien y feliz, querida? Lo
—Sí, desde luego, señor —respondió Rosa.
—Por lo cual —dijo el señor Grewgious, inclinando la cabeza hacia la ventana del rincón—, debemos nuestro más sincero agradecimiento, y estoy seguro de que se lo tributamos, a la maternal bondad y al constante cuidado y consideración de la dama que ahora tengo el honor de ver ante mí.
Este punto, de nuevo, resultó ser un arranque flojo por parte del señor Grewgious y nunca llegó a su destino; pues la señorita Twinkleton, sintiendo que las normas de cortesía exigían que a estas alturas ella estuviera totalmente al margen de la conversación, se mordía el extremo de la pluma y miraba hacia arriba, como a la espera de que descendiera una idea de cualquiera de las Nueve Musas que pudiera tener una de sobra.