estas cosas, difícilmente cumplía su pintada promesa de brindar buen entretenimiento al Hombre y a la Bestia. > Sin embargo, el Hombre, en el caso presente, no era crítico, sino que aceptaba el entretenimiento que podía conseguir, y continuaba su camino tras un descanso más largo del que necesitaba.
Se detuvo a cosa de un cuarto de milla de la casa, dudando entre seguir por el camino o tomar una senda de carros entre dos altos setos vivos que atravesaba la pendiente de un páramo ventoso y que, al parecer, volvía a desembocar en el camino más adelante.
Se decidió por esta última senda y la recorrió con cierto esfuerzo, ya que la pendiente era pronunciada y el camino estaba surcado de profundas rodadas.
Iba fatigado por el camino, cuando advirtió la presencia de otros peatones detrás de él. Como se acercaban a un paso más rápido que el suyo, se hizo a un lado, contra uno de los altos taludes, para dejarlos pasar.
Pero la actitud de aquellos hombres era muy extraña.
- Solo cuatro de ellos pasaron.
- otros cuatro disminuyeron la marcha y se detuvieron remoloneando, como con la intención de seguirlo cuando él reanudara la marcha.
- El resto del grupo (media docena tal vez) dio media vuelta y regresó a gran velocidad.
Miró a los cuatro que iban detrás de él, y miró a los cuatro que iban delante de él. Todos le devolvieron la mirada. Reanudó su marcha. Los cuatro de adelante siguieron su camino, mirando constantemente hacia atrás; los cuatro de la retaguardia se