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nydus/The Mystery of Edwin DroodPublic
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Alisando el Camino

“Nunca he tenido hasta ahora el valor de decirle, señor, lo que con absoluta franqueza debí decirle cuando habló conmigo por primera vez sobre este asunto. No es fácil de decir, y me ha retenido el miedo a que parezca ridículo, el cual pesa mucho sobre mí hasta este último momento y podría, de no ser por mi hermana, impedirme ser del todo franco con usted incluso ahora.⁠—Admiro tanto a la señorita Bud, señor, que no soporto que latraten con presunción o indiferencia; y aun si no sintiera que tengo un agravio contra el joven Drood por cuenta propia, sentiría que tengo un agravio contra él por la de ella”.

Mr. Crisparkle, con absoluta sorpresa, miró a Helena en busca de corroboración, y encontró en su expresivo rostro plena corroboración y una súplica de consejo.

—La joven de quien habla es, como sabe, señor Neville, va a casarse en breve —dijo el señor Crisparkle con gravedad—; por lo tanto, su admiración, si es de esa índole particular que usted parece indicar, está indignamente fuera de lugar.

Además, es monstruoso que se tome la libertad de ser el adalid de la joven en contra de su elegido esposo. Por otra parte, solo los ha visto una vez. La señorita se ha convertido en amiga de su hermana; y me extraña que su hermana, incluso en beneficio de ella, no le haya frenado esta fantasía irracional y censurable.

—Ella lo ha intentado, señor, pero en vano. Con marido o sin marido, ese sujeto es incapaz del sentimiento que a mí me inspira la hermosa criatura a la que trata como a una muñeca. ¡Afirmo que es tan incapaz de sentirlo como indigno de ella! ¡Afirmo que se la ha sacrificado al entregársela! ¡Afirmo que la amo, y que a él lo desprecio y lo odio! Esto lo dijo con el rostro tan encendido y un gesto tan violento, que su hermana se acercó a su lado, lo cogió del brazo y le reprochó:

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