“No lo haré; iré cuando me puejas atrapar”.
—Quédate ahí entonces, y muéstrame cuál es la de Mr. Tope.
«¿Cómo voy a quedarme aquí y enseñarte cuál es el Topeseses, cuando el Topeseses está al otro lao del Kinfrederal, y cruzando los pasos, y dando un montón de vueltas a las esquinas? ¡Bur-ro! ¡Ja-a-ah!».
«Enséñame dónde está, y te daré algo».
—Pues ven, entonces.
Concluído este rápido diálogo, el muchacho abrió el paso y, al poco rato, se detuvo a cierta distancia de un pasadizo abovedado, señalando con el dedo.
—Mire usté pa'llá. ¿Ve esa ventana y esa puerta?
“¿Eso es de Tope?”
—Mentís; no es eso. Ese es de Jarsper.
—¿De veras? —dijo el señor Datchery, con una segunda mirada de cierto interés.
—Sí, y no me voy a acercar más a’i, te lo digo.
¿Por qué no?
—Porque no me van a levantar en vilo ni a reventarme los tirantes ni a ahogarme; no si yo lo sé, y menos ese. ¡Espérate a que le mande un buen pedrusco volando a la nuca de ese viejo pajarraco algún día! Ahora mira al otro lado del arco; no al lado donde está la puerta de Jarsper; al otro lado.
—Ya veo.