CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Mystery of Edwin DroodPublic
Página 368 de 415
Table of Contents

XXII. Se avecina un estado de cosas espinoso

Mr. Grewgious la contempló fijamente.

—La placa de la puerta sirve como protección —dijo la señora Billickin—, y actúa como tal, y no me apartaré de ella ni un ápice.

Mr. Grewgious miró fijamente a Rosa.

—No, Mr. Grewgious, usted ha de disculparme. Mientras esta cabe [1] sea conocida de manera indefinida como la de Billickin, y mientras sea una duda para la chusma dónde pueda estar escondido Billickin, cerca de la puerta de la calle o al fondo del patio inglés, y cuál pueda ser su peso y su tamaño, mientras tanto me siento a la puerta. Pero comprometerme con la declaración de una sola mujer, ¡no, señorita! [2] Ni querría usted por un momento —dijo la señora Billickin, con un fuerte sentimiento de agravio— sacar partido de su sexo, si no se viera abocado a ello por un ejemplo inconsiderado.

Rosa, enrojeciendo como si hubiera hecho el intento más vergonzoso de estafar a la buena señora, suplicó al señor Grewgious que se conformara con cualquier firma. Y así, de un modo señorial, la firma autógrafa de Billickin quedó añadida al documento.

Luego se fijaron los detalles para tomar posesión pasado mañana, cuando ya se podía esperar razonablemente a la señorita Twinkleton; y Rosa regresó a Furnival’s Inn del brazo de su tutor.

¡He aquí al señor Tartar paseándose de arriba abajo por Furnival’s Inn, deteniéndose en seco al verlos venir y avanzando hacia ellos!

“Se me ocurrió”, sugirió el Sr. Tartar, “que podríamos remontar el río, ya que el tiempo está tan delicioso y la marea es favorable. Tengo mi propia embarcación en las escaleras del Temple”.

—Hace muchos días que no subo por el río —dijo el señor Grewgious, tentado.

368