ha estado cómicamente pensativo, se ilumina. «¡Oh, sí, Eddy; vamos a dar un paseo! Y te diré lo que vamos a hacer. Tú fingirás que estás comprometido con otra, y yo fingiré que no estoy comprometida con nadie, y así no discutiremos».
—¿Crees que eso impedirá que nos peleemos, Rosa?
—Sé que lo hará. ¡Silencio! Haz como que miras por la ventana… ¡la señora Tisher!
Por una concurrencia fortuita de azares, la matripotente Tisher se avista, diciendo, al cruzar la habitación como el fantasma legendario de una dama de la alta sociedad con faldas de seda:
«Espero que el señor Drood se encuentre bien; aunque no hace falta que lo pregunte, a juzgar por su tez. Confío en no molestar a nadie; pero había un cortapapeles... ¡Oh, gracias, muchas gracias!»,
y desaparece con su botín.