la escultura. > Aquí dos oficiales cincelan sin cesar, mientras otros dos oficiales, que se enfrente están, cortan piedra sin tregua con la sierra; sumergiéndose y emergiendo de sus garitas protectoras con tanta regularidad, como si fuesen figuras mecánicas emblemáticas del Tiempo y
A Durdles, cuando se hubo bebido su vaso de oporto, el señor Sapsea le confía ese precioso esfuerzo de su Musa. Durdles, insensiblemente, saca su regla de dos pies y mide los versos con calma, mezclándolos con arenilla de piedra.
—Esto es para el monumento, ¿verdad, señor Sapsea?
“La inscripción. Sí.”
El señor Sapsea aguarda su efecto en una mente vulgar.
—Se quedará a un octavo de pulgada —dice Durdles—. Servidor de usted, señor Jasper. Espero que se encuentre bien.
—¿Cómo está, Durdles?
—Tengo un poco de reumatumba, señor Jasper, pero ya debo contar con ello.
“Quiere usted decir el Reumatismo”, dice Sapsea, en tono agudo.
(Está irritado por haber recibido su composición de forma tan mecánica.)
—No, no lo tengo. Quiero decir, señor Sapsea, el tumba-tismo. Es otra clase diferente al reumatismo. El señor Jasper sabe lo que Durdles quiere decir. Métete entre esas tumbas antes de que aclare bien en una mañana de invierno, y sigue, como dice el Catecismo, andando por ellas todos los días de tu vida, y sabrás lo que Durdles quiere decir.