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nydus/The Mystery of Edwin DroodPublic
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XII. Una noche con Durdles

Del mismo modo que los aeronautas aligeran el peso que llevan cuando desean ascender, Durdles ha aligerado la botella de mimbre al subir. Fragmentos de sueño lo sorprenden de pie y detienen su cháchara. Un leve ataque de fiebre tropical lo se apodera de él, haciéndole creer que el suelo, tan abajo, está al mismo nivel que la torre, y tan pronto se echaría a caminar desde la torre hacia el aire como dejaría de hacerlo. Tal es su estado cuando empiezan a bajar. Y al igual que los aeronautas se vuelven más pesados cuando desean descender, del mismo modo Durdles se carga con más líquido de la botella de mimbre, para así bajar

Al fin llegan a la puerta de hierro y la cierran con llave —pero no sin que antes Durdles haya tropezado dos veces y se haya abierto una ceja una vez—, vuelven a descender a la cripta, con la intención de salir por donde mismo entraron. Pero, al regresar entre aquellos callejones de luz, Durdles se vuelve tan sumamente inestable, tanto de pies como de palabra, que medio se deja caer, medio se desploma junto a uno de los pesados pilares, apenas menos pesado que él mismo, y le pide confusamente a su compañero que lo deje echarse cuarenta pestañazos de un segundo cada uno.

“Si así lo quieres, o ha de ser así —responde Jasper—, no te dejaré aquí. Cógelos, mientras yo voy de un lado a otro”.

Durdles se duerme al instante; y en su sueño sueña un sueño.

No es gran cosa de sueño, considerando la vasta extensión de los dominios del mundo onírico y sus maravillosas producciones; solo es notable por ser desacostumbradamente intranquilo y desacostumbradamente real. Sueña que está allí, dormido, y que sin embargo cuenta los pasos de su compañero mientras este camina de un

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