azúcar moreno. Se respira un insólito aire de galantería y juerga, que se manifiesta en un enorme ramo de muérdago colgado en la puerta de la verdulería, y en un pobrecito pastel de Reyes coronado por la figura de un Arlequín —un pastel de Reyes tan, tan pobrecito, que más bien habría que llamarlo un pastel de medio Reyes o de cuarto de Reyes— que se sorteará en la pastelería a condición de un chelín por participante.
No faltan diversiones públicas. El Museo de Cera que causó tan profunda impresión en la mente reflexiva del Emperador de China puede visitarse, por expreso deseo y solo durante la semana de Navidad, en el local del caballerizo en bancarrota al fondo del callejón; y en el Teatro se va a estrenar una gran pantomima cómico-navideña: esta última anunciada por el retrato de Signor Jacksonini, el payaso, diciendo «¿Cómo estás mañana?» a tamaño natural, y de forma casi tan penosa.
En resumen, Cloisterham está en plena actividad: si bien de esta descripción deben excluirse el Instituto y el colegio de la señorita Twinkleton.
Del primer establecimiento, los alumnos se han marchado a sus casas, cada uno de ellos enamorado de una de las jóvenes de la señorita Twinkleton (la cual no sabe nada al respecto); y solo las criada revolotean de vez en cuando por las ventanas del segundo.
Se nota, por cierto, que estas doncellas se vuelven, dentro de los límites del decoro, más retozonas cuando se les confía así la representación concreta de su sexo, que cuando comparten dicha representación con las jóvenes de la señorita Twinkleton.
Tres se van a reunir en la garita esta noche. ¿Cómo pasa el día cada uno de los tres?