La firmeza de rostro y figura del señor Jasper se vuelve tan maravillosa que su respiración parece haberse detenido.
“No pude por menos de notar, Jack, que te costó un gran esfuerzo, y que estabas muy emocionado, y muy poco fiel a tu habitual manera de ser. Por supuesto sabía que me querías muchísimo, pero la verdad es que no estaba preparada para que, por decirlo así, te sacrificaras por mí de ese modo”.
El señor Jasper, volviendo a ser un hombre con aliento sin la más mínima etapa de transición entre los dos estados extremos, se encoge de hombros, ríe y agita el brazo derecho.
—No; no apartes el sentimiento, Jack; por favor, no lo hagas; porque hablo muy en serio. No tengo ninguna duda de que ese estado de ánimo enfermizo que tan enérgicamente has descrito conlleva un sufrimiento real y es difícil de soportar. Pero déjame tranquilizarte, Jack, en cuanto a las probabilidades de que me domine a mí. No creo que esté expuesto a él. En unos pocos meses menos de un año, ya sabes, me llevaré a Pussy del colegio convertida en la señora Edwin Drood. Luego me iré a hacer ingeniería al Este, y Pussy conmigo. Y aunque ahora tengamos nuestros pequeños roces, nacidos de cierta monotonía inevitable que acompaña a nuestro cortejo, debido a que su final ya está decidido de antemano, aun así no tengo ninguna duda de que nos irá de maravilla entonces, cuando ya esté hecho y no tenga remedio. En resumen, Jack, volviendo a la vieja canción que estaba citando libremente en la cena (¡y quién conoce mejor las viejas canciones que tú!), mi esposa bailará y yo cantaré, alegremente pasa el día.