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nydus/The Mystery of Edwin DroodPublic
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XII. Una noche con Durdles

Then, he closes his piano softly, softly changes his coat for a pea-jacket, with a goodly wicker-cased bottle in its largest pocket, and, putting on a low-crowned, flap-brimmed hat, goes softly out.

Why does he move so softly tonight? No outward reason is apparent for it. Can there be any sympathetic reason crouching darkly within him?

Retirándose a la inacabada casa de Durdles, o hueco en la muralla de la ciudad, y viendo una luz en su interior, avanza sigilosamente sorteando las lápidas, los monumentos y los cascotes de piedra del camposanto, ya tocados aquí y allá, de soslayo, por la luna naciente.

Los dos oficiales han dejado sus dos grandes sierras clavadas en los bloques de piedra; y dos oficiales esqueléticos salidos de la Danza de la Muerte bien podrían estar sonriendo en la sombra de sus garitas protectoras, dispuestos a ponerse a cortar las lápidas de los próximos dos difuntos destinados a morir en Cloisterham.

Es muy probable que los dos piensen poco en eso ahora, estando vivos y quizás alegres. ¡Qué curioso, adivinar algo sobre los dos... o digamos sobre uno de los dos!

«¡Eh, Durdles!»

La luz se mueve, y él aparece con ella en la puerta. Parecería haberse «aseado» con la ayuda de una botella, una jarra y un vaso; pues no se ven otros instrumentos de limpieza en la habitación de ladrillos desnudos con vigas en el techo y sin cielorraso en la que hace entrar a su visitante.

“¿Estás listo?”

“Estoy listo, Míster Jarsper. Que salgan los viejos si se atreven, cuando caminemos entre sus tumbas. Mi espíritu está preparado para ellos”.

—¿Te refieres a los espíritus animales, o a los ardientes?

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