Con un rápido giro de su ágil figura, Helena depositó a la pequeña belleza en un sofá, como si nunca la hubiera cogido. Luego, hincada de una rodilla junto a ella, y con una mano sobre su boca rosada, mientras con la otra pedía silencio a todos los demás, Helena les dijo:
«No es nada; ya ha pasado todo; ¡no le habléis en un minuto y estará bien!»
Las manos de Jasper se habían levantado, en el mismo instante, de las teclas, y ahora pendían sobre ellas, como si esperara para reanudar. En esa postura seguía sentado, inmóvil: sin volverse siquiera, cuando todos los demás habían cambiado de sitio y se consolaban unos a otros.
—A Pussy no le gusta el público; esa es la verdad —dijo Edwin Drood—. Se puso nerviosa y no pudo aguantar. Además, Jack, eres un maestro tan concienzudo y exiges tanto, que creo que consigues que te tenga miedo. Con razón.
—No es de extrañar —repitió Helena.
—¡Ahí, Jack, lo oye! Usted le tendría miedo en circunstancias similares, ¿verdad, señorita Landless?
—Bajo ningún concepto —respondió Helena.
Jasper brought down his hands, looked over his shoulder, and begged to thank Miss Landless for her vindication of his character. Then he fell to dumbly playing, without striking the notes, while his little pupil was taken to an open window for air, and was otherwise petted and restored. When she was brought back, his place was empty. > “Jack’s gone, Pussy,” Edwin told her. “I am more than half afraid he didn’t like to be charged with being the Monster who had frightened