Durdles duda por un momento entre el atillo y la botella; pero le da la preferencia a la botella por ser con mucho la mejor compañía, y le confía el peso seco a su compañero de exploración.
Luego suben por la empinada escalera de caracol de la gran torre, penosamente, dando vueltas y más vueltas, y agachando la cabeza para evitar los escalones superiores, o el áspero pivote de piedra alrededor del cual giran. Durdles ha encendido su linterna extrayendo de la fría y dura pared una chispa de ese fuego misterioso que acecha en todas las cosas, y, guiados por esta mota, trepan entre las telarañas y el polvo. Su camino transcurre por lugares extraños. Dos o tres veces emergen a galerías planas de arcos rebajados, desde donde pueden mirar hacia la nave bañada por la luz de la luna; y donde Durdles, agitando su linterna, agita las tenues cabezas de los ángeles sobre las ménsulas del techo, que parecen vigilar su avance. Al poco, se adentran en escaleras más estrechas y empinadas, y el aire de la noche empieza a soplar sobre ellos, y el chirrido de alguna grajilla sobresaltada o algún grajo asustado precede al pesado batir de alas en un espacio confinado y a la caída de polvo y pajitas sobre sus cabezas. Por fin, dejando su luz tras un peldaño —pues aquí arriba sopla fresco—, contemplan Cloisterham, hermosa a la luz de la luna: sus ruinosas moradas y santuarios de los muertos, a los pies de la torre; sus tejados de tejas rojas suavizados por el musgo y sus casas de ladrillo rojo de los vivos, apiñadas más allá; su río serpenteando desde la niebla en el horizonte, como si ese fuera su nacimiento, y agitándose ya con la inquieta conciencia de su aproximación al mar.
¡De nuevo una expedición inexplicable esta! Jasper (que siempre se mueve con sigilo y sin razón aparente) contempla la escena, y en especial esa parte más silenciosa a la que la catedral proyecta su sombra. Pero contempla a Durdles con la misma curiosidad, y Durdles es consciente por momentos de sus ojos vigilantes.
Solo a ratos, porque Durdles se está adormilando.