El Amanecer
¿Una antigua torre de catedral inglesa? ¡Cómo va a estar aquí la antigua torre de catedral inglesa!
¿La famosa torre cuadrada, maciza y gris de su vieja catedral? ¡Cómo va a estar eso aquí! No hay ninguna púa de hierro oxidado en el aire, entre el ojo y ella, desde ningún punto de la perspectiva real. ¿Qué púa es esa que se interpone, y quién la ha colocado?
Tal vez la haya mandado poner el Sultán para impalar a una horda de ladrones turcos, uno por uno. Así es, pues chocan los címbalos y el Sultán pasa camino de su palacio en larga procesión. Diez mil alfanjes relucen a la luz del sol, y treinta mil bailarinas esparcen flores. Luego vienen elefantes blancos con gualdrapas de innumerables y suntuosos colores, acompañados de un séquito infinito.
Aun así, la torre de la catedral se alza en el fondo, donde no puede estar, y todavía no hay ninguna figura retorciéndose en la sombría púa.
¡Espera! ¿Es la púa algo tan bajo como la púa oxidada en lo alto del poste de una vieja estructura de cama que se ha venido completamente abajo? Hay que dedicarle un período vago de risa soporífera a la consideración de esta posibilidad.
Temblando de la cabeza a los pies, el hombre cuya conciencia dispersa se ha recompuesto así de un modo fantástico, se incorpora al fin, apoya su cuerpo tembloroso sobre los brazos y mira a su alrededor.