llevar una amarga desilusión!
Tiró apresuradamente del tirador de la ronca y vieja campana, y la verja no tardó en abrirse. Antes de entrar, le dirigió una última mirada de asombro, muy abierta, como si hubiera querido preguntarle con implacable énfasis: «¡Oh!, ¿no lo entiendes?». Y, a través de aquella mirada, él se desvaneció de su vista.