“Esta joven pareja tomó al fin la sana resolución de compartir sus descubrimientos de manera abierta, sensata y tierna. Se reunieron con ese propósito. Tras una conversación inocente y generosa, acordaron disolver sus relaciones existentes y las previstas, por los siglos de los siglos”.
El señor Grewgious vio a una figura espantosa levantarse, con la boca abierta, del sillón orejero, y levantar sus manos abiertas hacia la cabeza.
—Uno de este joven matrimonio, y ese uno vuestro sobrino, temiendo, sin embargo, que en la ternura de vuestro afecto hacia él os decepcionara amargamente una desviación tan grande de su vida proyectada, se abstuvo de contaros el secreto durante unos pocos días, y dejó que fuera revelado por mí, cuando yo bajara a hablaros, y él ya se hubiera marchado. Os hablo a vos, y él ya se ha marchado.
El Sr. Grewgious vio a la espantosa figura echar la cabeza hacia atrás, agarrarse los cabellos con las manos y volverse hacia otro lado con un movimiento de contorsión.
—Ya he dicho todo lo que tenía que decir: salvo que esta joven pareja se separó, con firmeza, aunque no sin lágrimas ni dolor, la última vez que los vieron juntos por la tarde.
Mr. Grewgious oyó un grillo terrible, y no vio ninguna figura espantosa, ni sentada ni de pie; no vio más que un montón de ropa rota y fangosa sobre el suelo.
Sin cambiar de actitud ni aun entonces, abrió y cerró las palmas de las manos mientras las calentaba, y miró hacia abajo.