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nydus/The Mystery of Edwin DroodPublic
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XXII. Se avecina un estado de cosas espinoso

Pero la Billickin casi invariablemente obtenía una puntuación muchísimo más alta; y solía rematar con golpes laterales de la índole más inesperada y extraordinaria, cuando parecía totalmente arrinconada.

Todo esto no mejoró el áspero estado de las cosas en Londres, ni el aire que Londres había adquirido a los ojos de Rosa de estar esperando algo que nunca llegaba.

Cansada de trabajar y conversar con la señorita Twinkleton, le sugirió trabajar y leer: a lo que la señorita Twinkleton accedió de buen grado, como una lectora admirable, de facultades probadas.

Pero Rosa pronto descubrió que la señorita Twinkleton no leía con honradez. Suprimía las escenas de amor, interpelaba pasajes en alabanza del celibato femenino y era culpable de otros flagrantes fraudes piadosos.

Como ejemplo ilustrativo, tómese este pasaje resplandeciente:

“Ever dearest and best adored⁠—said Edward, clasping the dear head to his breast, and drawing the silken hair through his caressing fingers, from which he suffered it to fall like golden rain⁠—ever dearest and best adored, let us fly from the unsympathetic world and the sterile coldness of the stony-hearted, to the rich warm Paradise of Trust and Love.”

La fraudulenta versión de la señorita Twinkleton transcurría mansamente así: > «Comprometido ya conmigo con el consentimiento de nuestros respectivos padres y la aprobación del canoso rector de la parroquia —dijo Edward, llevándose respetuosamente a los labios los finos dedos tan diestros en el bordado, el tambor, el crochet y otras

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