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nydus/The Logic of Chance, 3rd EditionPublic
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El lado subjetivo de la probabilidad. Medición de la creencia.

La creencia producida por algún argumento fuerte puede ser muy decisiva en el momento, pero a menudo comenzará a disminuir cuando el argumento no esté presente de hecho en la mente. Es como ser deslumbrado por una luz intensa; la impresión aún permanece, pero comienza casi inmediatamente a desvanecerse. Pienso que este es el caso, por mucho que intentemos limitar las fuentes de nuestra convicción.

§ 9. (II.) Pero suponiendo que fuera posible establecer una especie de promedio de este estado fluctuante, ¿encontraríamos que este promedio es de la cantidad asignada por la teoría? En otras palabras, ¿es nuestra creencia natural en la ocurrencia de dos eventos diferentes directamente proporcional a la frecuencia con la que esos eventos ocurren a la larga?

Hay una lotería con 100 billetes y diez premios; ¿está la creencia de un hombre de que obtendrá un premio justamente representada por una décima parte de la certeza? La mera referencia a una lotería debería ser suficiente para refutar esto.

Las loterías han florecido en todo tiempo, y nunca han dejado de contar con un abunadante respaldo, a pesar del convencimiento más absoluto, por parte de muchos, si no de la mayoría, de los que participan en ellas, de que a la larga todos perderán.

Sin duda deben hacerse deducciones respecto a aquellos que actúan por motivos supersticiosos, por la creencia en augurios, sueños y demás.

Pero aparte de estos, y suponiendo que alguien venga fortalecido por todo lo que las matemáticas pueden hacer por él, es difícil creer que sus impresiones naturales sobre acontecimientos aislados sean siempre las que debieran ser según la teoría.

¿Son muchos los que pueden declarar honestamente que no tendrían ningún deseo de comprar un solo billete? Probablemente se dirían a sí mismos que la suma que pagaron no valía la pena mencionarla como pérdida, y que había una posibilidad de ganar mucho; en otras palabras, no están distribuyendo su creencia de la manera que asigna la teoría.

Lo que corrobora este punto de vista es que las mismas personas que actuarían de este modo en casos aislados a menudo ni pensarían en hacerlo fuera de ellos. En otras palabras, la tendencia natural aquí es atribuir una cantidad de creencia demasiado grande donde es o debería ser pequeña; es decir, depreciar el riesgo en proporción a la ventaja contingente.

Es muy probable que, al ser interpeladas, estas personas atribuyeran calificativos despectivos a este estado de ánimo, tildándolo de fascinación inexplicable o algo por el estilo, pero de su existencia caben pocas dudas. Hablamos ahora de cuál es la tendencia natural de nuestras mentes, no de aquella en la que finalmente pueden ser educadas por la instrucción y el pensamiento. Si bien, por lo general, las personas educadas han logrado controlar esta tendencia en los juegos de azar, el espíritu de especulación imprudente apenas ha sido desterrado del comercio. Al examinarla, se descubrirá que esta tendencia está tan presente en todas las épocas, clases sociales y temperamentos, que resultaría inadmisible descuidarla con el fin de hacer que nuestros supuestos instintos concuerden más estrechamente con las teorías de la probabilidad comúnmente aceptadas.

§ 10. Hay otro aspecto de esta cuestión que a menudo se ha pasado por alto, pero que parece merecer cierta atención. Dado que poseemos un instinto de credulidad, ¿por qué ha de asumirse que este debe ser

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