§ 7. Ahora bien, en términos generales, me parece que las condiciones más adecuadas para la Probabilidad son las siguientes: que las causas importantes sean, en comparación, fijas y permanentes, y que las restantes continúen actuando en promedio tan a menudo en una dirección como en la otra.
Esto pueden hacerlo de dos maneras.
En primer lugar, es posible que no podamos predicar nada más de ellos que el mero hecho de que actúan[1] tan a menudo en una dirección como en la otra; lo que obtendríamos entonces sería meramente la simple uniformidad estadística que se describe en el primer capítulo.
Pero puede darse el caso, y en la práctica suele ser así de manera más o menos aproximada, de que estas causas menores actúen también con independencia unas de otras. Lo que obtenemos entonces es un grupo de uniformidades como el que se explicó e ilustró en el segundo capítulo. Al ocurrir entonces cada combinación posible de estas causas con un grado regular de frecuencia, encontramos un tipo peculiar de uniformidad exhibida, no solo en el mero hecho de exceso y defecto (de cualquiera que sea la cualidad variable en cuestión), sino también en cada cantidad particular de exceso y defecto.
De ahí que, en este caso, obtengamos lo que algunos escritores denominan una «media» o un «tipo», en lugar de un simple promedio.
Por ejemplo, supongamos a un hombre que lanza un tejuelo a un blanco. Aquí nuestras causas fijas son su fuerza, el peso del tejuelo y la intención de apuntar a un punto dado. Por supuesto, debemos suponer que estas permanecen inalteradas si hemos de obtener cualquier uniformidad de la clase que buscamos.
Las causas menores y variables son todas esas innumerables pequeñas influencias perturbadoras a las que se hizo referencia en el último capítulo. Podría concebiblemente darse el caso de que solo fuéramos capaces de comprobar que estas actúan tan a menudo en una dirección como en la otra; lo que entonces hallaríamos sería que el tejuelo tendía a quedarse corto del blanco con la misma frecuencia con que lo sobrepasaba.
Pero debido a que estas pequeñas causas son en su mayoría independientes unas de otras, y más o menos iguales en su influencia, hallamos también que cada magnitud de exceso y defecto presenta las mismas características generales, y que en un gran número de lanzamientos la cantidad de desviaciones respecto al blanco, de una magnitud dada, es una función bastante determinada, según una ley regular, de esa magnitud de desviación.[2]
§ 8. La necesidad de las condiciones a las que se acaba de aludir se comprenderá mejor si se remite uno a los casos en los que alguna de ellas llega a faltar. Así, sabemos que la duración de la vida es, en conjunto, bastante regular, al igual que lo son los números de quienes mueren en años o siglos sucesivos a causa de la mayoría de las enfermedades más comunes. Pero no parece ser este el caso de todas las enfermedades. ¿Qué pasa, por ejemplo, con el sudor inglés, la Peste Negra o el cólera asiático? * Las dos primeras o bien no vuelven a aparecer, o bien, si lo hacen, reaparecen de una forma tan leve que no merecen el mismo