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nydus/The Logic of Chance, 3rd EditionPublic
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El lado subjetivo de la probabilidad. Medición de la creencia.

Pero ahora tomemos el caso de una moneda que cae, no en un lado o en el otro, sino de un lado determinado, cara. En cierta medida, este ejemplo se parece al anterior. Estamos plenamente dispuestos a apostar nuestra conducta por lo que ocurra a la larga. Cuando consideramos el resultado de un gran número de lanzamientos, estamos dispuestos a actuar bajo la suposición de que sale cara una de cada dos veces. Si, por ejemplo [ TN: space], estamos apostando a ello, no pondremos objeción en pagar 1 £ cada vez que salga cara, a condición de recibir 1 £ cada vez que no salga cara. Esto no es otra cosa que la traducción, por así decirlo, a la práctica, de nuestra creencia de que cara y cruz ocurren con igual frecuencia.

Ahora resultará evidente, tras una breve reflexión, que nuestra conducta es susceptible de ser ligeramente variada: de ser variada, es decir, en su forma, mientras sigue siendo idéntica respecto a sus resultados.

Es evidente que pagar 1 libra cada vez que perdemos, y recibir 1 libra cada vez que ganamos, viene a ser exactamente lo mismo, en el caso que estamos considerando, que pagar diez chelines cada vez sin excepción, y recibir 1 libra cada vez que sale cara. Es así porque las caras salen, como promedio, una de cada dos veces.

A la larga, ambos resultados coinciden; pero hay una diferencia marcada entre los dos casos, considerados individualmente. La diferencia es doble.

  • En primer lugar, nosapartamos de la noción de un pago cada dos veces, y pasamos a la de uno realizado todas las veces.
  • En segundo lugar, lo que pagamos cada vez es la mitad de lo que obtenemos en los casos en los que efectivamente obtenemos algo.

La diferencia puede parecer leve; pero nótese el efecto cuando nuestra conducta se traduce de nuevo a la condición subjetiva de la que depende, a saber:[** TN: space] a nuestra creencia. Es como consecuencia de dicha traducción, según me parece, como se ha adquirido la noción de que poseemos una cantidad de creencia determinable con precisión respecto a cada una de estas proposiciones.

Tener pérdidas y ganancias de igual cuantía, e incurrir en ellas con igual frecuencia, era la experiencia vinculada a nuestra creencia de que los dos acontecimientos, cara y cruz, ocurrirían con la misma frecuencia. Esto era perfectamente comprensible, pues se refería al largo plazo. Descubrir que esto podía conmutarse por un pago realizado todas las veces sin excepción, un pago, obsérvese, de la mitad de la cuantía de lo que recibimos ocasionalmente, se ha interpretado de manera muy natural en el sentido de que debe existir un estado de semicreencia que se refiere a cada tirada individual.

§ 23. Un ejemplo de este tipo, por supuesto, no basta para establecer una teoría. Pero el lector tendrá presente que casi toda nuestra conducta tiende al mismo resultado; que no es solo en las apuestas, sino en cualquier curso de acción en el que debamos contar los acontecimientos, donde es posible tal distribución numérica de nuestra conducta. Por lo tanto, según los principios ordinarios de la asociación, parecería sumamente probable que, no exactamente una condición mental numérica, sino más bien asociaciones numéricas, queden inseparables de cada acontecimiento particular que sabemos que ocurre en una cierta proporción de veces.

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