mediante la consideración de la naturaleza de las circunstancias bajo las cuales se hace su declaración, es esencialmente acientífico e irreducible a regla; realmente me parece que hay algo que decir en favor del plan sencillo de confiar en todos los casos por igual en la veracidad general del testigo.[8] Es decir, ya sea que su relato sea ordinario o extraordinario, podemos decidir ponerlo en el mismo plano de credibilidad, siempre que por supuesto el hecho sea plenamente reconocido como uno que ocurre o puede ocurrir ocasionalmente. Es verdad que así nos extraviaremos constantemente, y podemos hacerlo en gran medida, de modo que si hubiera algún método racional y preciso para especializar su confiabilidad, según la naturaleza de su relato, estaríamos sobre un terreno mucho más firme. Pero al menos así podemos saber qué esperar en promedio. Siempre que tengamos un número y una variedad suficientes de declaraciones suyas, y siempre las tomemos al mismo ritmo o grado constante de confiabilidad, podremos lograr equilibrar y corregir nuestra conducta a la larga para evitar cualquier error ruinino.
§ 19. A few words may now be added about the combination of testimony. No new principles are introduced here, though the consequent complication is naturally greater. Let us suppose two witnesses, the veracity of each being 9/10.
Now suppose 100 statements made by the pair; according to the plan of proceeding adopted before, we should have them both right 81 times and both wrong once, in the remaining 18 cases one being right and the other wrong. But since they are both supposed to give the same account, what we have to compare together are the number of occasions on which they agree and are right, and the total number on which they agree whether right or wrong. The ratio of the former to the latter is the fraction which expresses the trustworthiness of their combination of testimony in the case in question.
Al intentar decidir este punto, la única dificultad estriba en determinar con qué frecuencia coincidirán cuando ambos se equivoquen, pues es evidente que deben coincidir cuando ambos acierten. Esta investigación depende, por supuesto, del número de maneras en que pueden equivocarse.
Supongamos primero el caso de un simple sí o no (como en el § 6), y tomemos el mismo ejemplo de una bolsa con 1000 bolas, en la que solo una es blanca. Procediendo como antes, encontraríamos que
de 100 000 extracciones (el número requerido para obtener un ciclo completo de todos los sucesos posibles, así como de todos los informes posibles sobre ellos), los dos testigos coinciden en un informe correcto sobre la aparición de la bola blanca en 81, y coinciden en un informe erróneo sobre ella en 999.
La probabilidad del relato cuando es así attestiguado es, por tanto, de 81/1080; el hecho, por consiguiente, de que dos testigos de esta índole y de igual veracidad hayan coincidido hace que el informe sea casi 9 veces más probable que cuando se basaba en la autoridad de uno solo de ellos.[9]
§ 20. Cuando sin embargo los testigos tienen muchas maneras de equivocarse, el hecho de que coincidan hace que el informe sea mucho más probable que sea verdadero. Por ejemplo, en el caso de las 1000 bolas numeradas, es muy improbable que cuando ambos se equivocan en el número coincidan (sin connivencia) en hacer la misma declaración errónea. Mientras que, en el último caso, cada declaración errónea combinada los conducía necesariamente a ambos a la afirmación de que el acontecimiento en cuestión había ocurrido, ahora encontraríamos que solo una vez en 999 × 999 veces ambos serían conducidos a afirmar que un número determinado (digamos, como antes, el 25) había sido extraído. Las probabilidades a favor del acontecimiento se vuelven ahora de 80919/80920, las cuales son enormemente mayores que cuando había un solo testigo.