tipo, en el mismo plano. Los partidarios de cada alternativa se encuentran en una posición más o menos similar a la de los miembros de una asamblea deliberativa, en la que nadie apoya la moción de ningún otro miembro. Todos pueden contribuir eficazmente a rechazar cualquier otra moción, pero ninguno logra aprobar la suya. La presión de una necesidad urgente puede posiblemente forzarlos a salir de este estado de inacción práctica, por decirlo así, rompiendo la oposición en algún punto de menor resistencia; pero, a menos que cuenten con la ayuda de dicha presión, quedan sumidos en un estado de punto muerto desesperado.
§ 33. Suponiendo que la solución espiritualista admite un tratamiento científico, y ha de recibirlo, esta es, según me parece, la conclusión a la que uno podría verse conducido a veces ante las pruebas ofrecidas. Podríamos tener que decir a cada explicación individual: Es increíble, no puedo aceptarla; y a menos que las circunstancias nos obliguen (lo cual es casi imposible que hagan) a una decisión apresurada —una decisión, recuérdese, que no necesita indicar ninguna preferencia del juicio más allá de lo justo para inclinar la balanza a su favor frente a cualquier otra alternativa única—, dejamos así la cuestión en suspenso.
Es muy probable que se alegue que una de las explicaciones (asumiendo que se hayan incluido todas las posibles) debe de ser verdadera; esto lo admitimos sin reparos. Es probable también que se alegue que (según el principio tantas veces citado de Butler) debemos aceptar de inmediato la que, en comparación con las demás, sea la más plausible, sea cual fuere su valor absoluto. Esto parece claramente un error. Decir que tal o cual explicación es la que debemos aceptar, si las circunstancias nos obligaran a anticipar nuestra decisión, es perfectamente compatible con su rechazo actual. La única postura racional es seguramente la de admitir que la verdad se halla en alguna parte entre las diversas alternativas, pero confesando claramente que no tenemos tal preferencia por una sobre otra como para permitirnos decir otra cosa que no sea que no creemos en ninguna de ellas.