.[ TN: space] si saca cualquier otro número. Por lo general, se admitirá que debería dar 2 s .[ TN: space] 6 d .[ TN: space] por la oportunidad, y que si lo hace estará pagando una suma justa. Este ejemplo solo difiere del anterior en el hecho de que, en lugar de una simple creencia en una proposición, hemos tomado lo que los matemáticos llaman «el valor de la expectativa». En otras palabras, hemos puesto de relieve, no meramente la creencia, sino la conducta que se fundamenta en la creencia. Pero precisamente la misma dificultad reaparece aquí. Pues si apelamos al evento —es decir, al único evento—, vemos que una u otra parte debe perder su dinero sin compensación. ¿En qué sentido puede decirse entonces que tal expectativa es justa?
§ 20. Una posible respuesta a esto, y por lo que parece la única respuesta posible, será que lo que realmente queremos decir al afirmar que medio creemos en la ocurrencia de cara es expresar nuestra convicción de que cara sucederá ciertamente, como promedio, una de cada dos veces. Y de manera similar, en el segundo ejemplo, al calificar la suma de justa se quiere decir que, a la larga, ninguna de las partes ganará ni perderá.
Como volveremos dentro de un momento sobre el punto planteado en esta forma de respuesta, la única advertencia que debe hacerse en este punto es llamar la atención sobre el hecho de que abandona por completo toda la cuestión en disputa, pues admite que esta creencia parcial no se aplica en ningún sentido estricto al acontecimiento individual, ya que claramente no puede justificarse en él.
Ante semejante resultado en verdad no podemos sorprendernos; al menos no podemos hacerlo según la teoría adoptada a lo largo de este Ensayo. Pues teniendo presente que el uso de la Probabilidad postula la ignorancia del acontecimiento singular, no es fácil ver cómo habríamos de justificar otra opinión o afirmación sobre el acontecimiento singular que no sea la confesión de dicha ignorancia.