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nydus/The Logic of Chance, 3rd EditionPublic
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Sobre la concepción y el tratamiento de la modalidad

apropiada, está representado más bien por otra parte de la lógica escolástica. Esta era la rama comúnmente llamada Dialéctica, en el sentido antiguo de ese término. La Dialéctica, según Aristóteles, parece haber sido una especie de arte hermana de la Retórica. Se ocupaba de silogismos que no se diferenciaban en nada de los silogismos demostrativos, excepto en que sus premisas eran probables en lugar de ciertas. A las premisas de este tipo las denominó tópicos, y a los silogismos que trataban con ellas entimemas. Se decía que partían de «signos y verosimilitudes» en lugar de axiomas.[18]

§ 25. Los términos con los que se describen comúnmente tales razonamientos se pare­cen mucho a los aplicables a la Probabilidad, tal como ahora la entendemos. Cuando oímos hablar de verosimilitud y de silogismos probables, nuestra primera impresión podría ser que las inferencias implicadas tendrían un carácter similar.[19]

Esto, sin embargo, sería erróneo. En primer lugar, el ámbito de esta Dialéctica era demasiado amplio, ya que abarcaba además todo el campo de lo que hoy denominaríamos Inducción Científica o Material. La característica distintiva de las premisas dialécticas era su falta de certeza, y de tales premisas inciertas la Probabilidad (como he insistido frecuentemente) solo se ocupa de una clase, mientras que la Inducción se ocupa de otra clase. De nuevo, no se hizo el menor intento de abordar la investigación: ¿Cuán inciertas son las premisas? Es solo cuando se intenta esto cuando puede considerarse que entramos en el campo de la Probabilidad, y es porque, de un modo rudimentario, los modales intentaron lidiar con este problema que los hemos considerado ocupados de algún modo en nuestro tema de estudio especial.

§ 26. Entre las lógicas más antiguas con las que he tenido alguna familiaridad, la de Crackanthorpe es la que ofrece la discusión más completa sobre este tema. Divide su tratamiento del silogismo en dos partes, ocupadas respectivamente por el silogismo «demostrativo» y el «probable». A este último se le dedica un libro entero. En él se investigan la naturaleza y las consecuencias de trece ‘loci’[20] diferentes, aunque no está muy claro en qué sentido pueden ser considerados todos y cada uno de ellos como «probables».

Es indudablemente cierto que, si los antiguos lógicos hubiesen estado en posesión de premisas tales como aquellas de las que se ocupa la probabilidad moderna, y se hubiesen atenido a su propia manera de tratarlas, habrían tenido que situarlas entre tales loci y hacer así de su consideración una parte de su Dialéctica.

Pero dado que por su parte no parece haber existido el menor intento de hacer otra cosa que reconocer el hecho de que las premisas fuesen probables; es decir, puesto que no se intentó medir su probabilidad ni la de la conclusión, no puedo por menos que considerar que esta parte de la Lógica guarda solo la más ligera relación con la Probabilidad tal como se concibe hoy en día.

Me parece poco más que una de las formas (descritas al comienzo de este capítulo) mediante las cuales el problema de la Modalidad no es exactamente rechazado, sino eludido en la práctica.

§ 27. Así como la Lógica no es la única ciencia que se ocupa directa y prominentemente de cuestiones sobre la creencia y la evidencia, tampoco las dificultades que han surgido en ella han sido en absoluto desconocidas en otras partes. Respecto a los modales, esto parece haber sido manifiestamente el caso en la Jurisprudencia.

Por lo tanto, se pueden hacer aquí algunas observaciones convenientes sobre esta aplicación del tema, aunque por supuesto con la brevedad adecuada por parte de un lego que tiene que tocar temas profesionales.

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