§ 7. Al examinar nuestra serie, por lo tanto, descubriremos que puede concebirse mejor, no necesariamente como una sucesión de acontecimientos que ocurren de distintas maneras, sino como una sucesión de grupos de cosas. Estos grupos, al ser analizados, se descubre en cada caso que pueden resolverse en colecciones de sustancias y atributos.
Lo que confiere su unidad a la sucesión de grupos es el hecho de que algunas de estas sustancias o atributos son comunes a toda la sucesión; lo que confiere su distinción a los grupos de la sucesión es el hecho de que algunos de ellos contienen solo una porción de estas sustancias y atributos, estando la otra o las otras porciones ausentes ocasionalmente.
Así entendido, nuestro lenguaje puede hacerse abarcador de toda clase de cosas de las que la Probabilidad pueda dar cuenta.
§ 8. Se verá fácilmente que la expresión ordinaria (a saber,[ TN: espacio] el «acontecimiento» y la «manera en que ocurre») puede incluirse en lo anterior. Cuando los atributos ocasionales no son importantes, los permanentes bastan para fijar y apropiarse del nombre, y la presencia o ausencia de los demás se denota simplemente mediante alguna modificación del nombre o la adición de algún predicado. Por lo tanto, en todos estos casos podemos hablar del conjunto de atributos como «el acontecimiento» —es decir, esencialmente el mismo acontecimiento—, limitándonos a decir que este (para preservar su identidad nominal) ocurre de diferentes maneras en los distintos casos. Sin embargo, cuando los atributos ocasionales son importantes, o constituyen la mayoría, esta forma de hablar resulta menos apropiada; el lenguaje se fuerza algo al dar a entender que dos conjuntos extremadamente diferentes son en realidad el mismo acontecimiento, con una diferencia únicamente en su modo de ocurrir. No obstante, la frase es muy conveniente y, con esta advertencia para evitar que sea malinterpretada,