La investigación anterior describe, aunque de un modo muy breve, la porción de verdad que me parece contener la afirmación, hecha con frecuencia, de que la fracción que expresa la probabilidad representa también la parte fraccionaria de la plena certeza a la que asciende nuestra creencia en el evento individual.
Cualquier análisis posterior del asunto parecería pertenecer a la Psicología más que a la Probabilidad.
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En la acepción ordinaria de este término. Tal como lo usa De Morgan, hace que la Lógica Formal incluya la Probabilidad como una de sus ramas, tal como se indica en su título «Lógica formal, o el cálculo de la inferencia, necesaria y probable».
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Formal Logic. Prefacio, página v.
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Una ilustración de los puntos aquí insistidos ha sido dada recientemente [1876] en un lugar donde pocos lo habrían esperado; aludo, como muchos lectores fácilmente deducirán, a los interesantísimos Essays on Theism de J. S. Mill. No es de nuestra incumbencia aquí criticar ninguna de sus conclusiones, pero estos han expresado de un modo muy significativo la convicción albergada por él de que las creencias que no están justificadas por la evidencia, y que posiblemente no sean susceptibles de justificación (las de la inmortalidad y la existencia de la Deidad, por ejemplo), pueden, sin embargo, no solo seguir existiendo en mentes cultas, sino también ser fomentadas allí provechosamente, al menos bajo la forma de esperanzas, por ciertas ventajas supuestas concomitantes a su retención, con independencia incluso de su verdad.
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Es necesario tomar un ejemplo en el que el hombre se vea obligado a actuar, o no podríamos demostrar que tiene creencia alguna sobre el asunto. Puede declarar que no sabe ni le importa nada al respecto y que, por tanto, no hay nada de la naturaleza de una creencia que pueda extraerse de su estado mental.
Es muy probable que adopte esta postura si le preguntamos, como hace De Morgan, con una referencia ligeramente distinta (Formal Logic, p. 183), si considera que hay volcanes en la cara oculta de la luna más grandes que los de la cara vuelta hacia nosotros; o, con Jevons (Principles of Science, 2.ª ed., p. 212), si considera que un coeficiente platíptico es positivo.
Estos no parecen, por tanto, buenos ejemplos para ilustrar la postura de que siempre albergamos un cierto grado de creencia en cada cuestión que pueda plantearse, y de que la absoluta incapacidad de dar una razón a favor de cualquiera de las dos alternativas corresponde a una semicreencia.
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Excepto en realidad según los principios indicados más adelante en los §§ 24, 25.