podría ser más natural que les presente a ambos al director gerente?
—Naturalmente, por supuesto —dijo Holmes—. Me gustaría echarle un vistazo al caballero y ver si puedo deducir algo de su pequeño juego. ¿Qué cualidades tiene usted, amigo mío, que harían que sus servicios fueran tan valiosos? ¿O es posible que...?
Empezó a morderse las uñas y a mirar con la vista perdida por la ventana, y apenas pudimos arrancarle otra palabra hasta que estuvimos en New Street.
A las siete de esa tarde íbamos los tres caminando por Corporation Street hacia las oficinas de la compañía.
—De nada sirve que lleguemos antes de tiempo —dijo nuestro cliente—. Aparentemente, él solo va allí para verme, pues el lugar está desierto hasta el mismo momento que